24/01/2009, Expansión
Análisis de actualidad
Alfonso Nistal
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Visto el estremecedor crecimiento del paro en España, al haberse alcanzado los tres millones de desempleados - cifra que entre nosotros sólo encuentra precedente al principio de los años 30 del pasado siglo, en la sima de la gran depresión norteamericana-, tiene todo sentido mirar qué ocurre en las naciones de nuestro entorno: principalmente en el espacio de la Unión Europea. Y, visto lo que hay, no es lo más relevante entrar en el debate de si las causas del disparado desempleo en España son autóctonas, derivadas de nuestros desajustes, de los desaciertos y de las omisiones, o si, por el contrario, lo principal de nuestra crisis trae causa del exterior, como latigazo de la crisis norteamericana. Igual que en los años 30.
Lo importante de verdad a la hora de identificar las causas del desmesurado paro que sufre la economía española puede que no sea principalmente la tardanza en atacar los desajustes derivados de la caducidad del modelo de crecimiento centrado en la economía del ladrillo, sino en la pobre inversión en I+D, que es el genuino manantial de ventaja competitiva dentro de cualquier sistema productivo. En el caso de España, esta relación se pone especialmente de manifiesto por la débil productividad, asociada a la desadecuación normativa que se traduce en la rigidez de las relaciones laborales, configurando así una severa desventaja estructural.
Pero quizá sea la baja inversión en I+D aquello que determina más acusadamente la alta tasa de paro existente en la actualidad. En términos de PIB (un 1,27%), España ocupa el puesto decimotercero en este tipo de inversiones, mientras que Holanda y Dinamarca, con las inversiones más altas en I+D, corresponde el 2,6% y 3l 2,9%, respectivamente. Resulta evidente la correlación estructural entre las inversiones en Investigación y Desarrollo y los niveles de crecimiento y estabilidad en el empleo.
Que a estas alturas de la crisis económica global, España - seguida de Eslovaquia- encabece la clasificación por desempleados dentro de la Unión Europea, es cosa que demanda, con absoluta nitidez, un viraje de 180 grados en el rumbe seguido hasta ahora en este orden de asignación de recursos. Aunque no se trata, dada la magnitud del problema que supone el paro cursante, de sólo un cambio de rumbo, sino también de una aceleración en el crecimiento relativo de las asignaciones, para avanzar suficientemente en la tabla de las naciones competitivas. Éstas, lógicamente, son las únicas capaces no sólo de capear el temporal, sino también de obtener ventajas relativas dentro de marejadas como la presente, más allá de las oscilaciones cíclicas.
Política de incentivos
Urge, por tanto, una decidida política de incentivos para la Investigación y el Desarrollo. Por razón de ello, no se acaba de entender que la ministra de Ciencia e Innovación considere "suficiente" la partida asignada a su departamento en los Presupuestos Generales del Estado, puesto que en ella sólo se ha incrementado en un 6,7% la cantidad que se asignó en los Presupuestos del año anterior a la Investigación y el Desarrollo.
Urge dramáticamente un cambio de óptica ante la magnitud del desplome del empleo en España. Valga como ejemplo lo que sigue. Si tomáramos como referencia un crecimiento medio anual del 0,1% del PIB para inversiones aplicables al I+D en los últimos 5 años, tardaríamos del orden de 5 lustros en alcanzar las magnitudes actuales de los países europeos que lideran la tabla del crecimiento y de la estabilidad en el empleo.
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